No regales a Facebook tu información de Whatsapp

No compartas tu información de Whatsapp con Facebook

John Naughton ha publicado un artículo en The Guardian explicando de forma clara qué está ocurriendo en ese extraño triángulo que se ha formado entre Facebook, Whatsapp y nuestros datos personales. La historia de Whatsapp nos recuerda a muchas otras, incluso a la del todopoderoso Google. Lo que comparten es un inicio de andadura con el listón ético mucho más elevado que sus rivales así como una bajada del mismo abrupta. Cuando empezó a funcionar el buscador de Google, lo recibimos como a un salvador que nos libraría de los abusos de Microsoft y Yahoo!. Tiene gracia echar la vista atrás ahora que se ha convertido en el Gran Hermano.

Whatsapp ha tenido un recorrido similar. Jan Koum, su fundador, siempre ha realizado declaraciones muy tajantes sobre el respeto a la privacidad y al compromiso a no usar nuestros datos personales con fines publicitarios. Sin embargo, algo comenzó a oler a podrido en Dinamarca cuando la plataforma fue adquirida por Facebook. Anti-publicidad y Facebook es una pareja demasiado extraña. Este agosto hemos descubierto que teníamos motivos para preocuparnos.

Si eres usuario de Whatsapp, eso significa que has accedido de forma más o menos consciente a que tus datos telefónicos sean traspasados a Facebook. Por supuesto que te empujan a ello por tu bien: para mejorar la publicidad que te van a mostrar y hacer que tu vida consumista sea más fácil y placentera. Tu perfil está pasando a engrosar los datos que le permitirá a la red social reconocer tus patrones de comportamiento y así anticiparse a tus necesidades y deseos. Dicho de otra manera: le permitirá venderte mejor a ti (tú eres lo vendido) a quienes se interesen por mostrar su publicidad en la red.

Estás a tiempo de evitarlo. Solo tienes que ir a tu aplicación de Whatsapp, abrir los ajustes, ir a tu cuenta y desactivar la opción de compartir tu información con Facebook. Queda poco tiempo para decidir si quieres ser parte de lo que ha comprado Facebook al hacerse con Whatsapp, que no es ni su tecnología ni sus empleados, sino la información de sus usuarios.

 

Cada vez que decimos adiós

El cine se inventó hace cien años. Durante ese tiempo la gente de muchos lugares ha viajado en una escala que no tiene precedentes desde que se establecieran las primeras ciudades, cuando de nómadas pasamos a ser sedentarios. Uno piensa automáticamente en el turismo y en los viajes de negocios ya que el mercado mundial depende del intercambio continuo de productos y trabajo. Pero los viajes han sido mayoritariamente realizados bajo coerción. Desplazamientos de poblaciones enteras. Refugiados huyendo del hambre o de la guerra. Ola tras ola de migrantes emigrando por motivos políticos o económicos, pero emigrando siempre para sobrevivir. El nuestro es el siglo del viaje forzoso. Diría más: el nuestros es el siglo de las desapariciones. El siglo de la gente que ve a otros, cercanos a ellos, desaparecer en el horizonte. “Cada vez que decimos adiós”, como inmortalizó John Coltrane. Quizás no sea sorprendente que la narrativa propia de este siglo sea el cine.

Proyector de cine

Así empieza el ensayo “Ev’ry Time We Say Goodbye”, escrito por John Berger en el año 1990. Casi treinta años después, ambos fenómenos se han intensificado: más refugiados que entonces, más comunicaciones en movimiento que desaparecen apenas lucen en la pantalla.

El odio a la Poesía

La amargura de la lógica poética es especialmente astringente porque nos enseñan desde pequeños que todos somos poetas por el mero hecho de ser seres humanos. Nuestra habilidad para escribir poemas es de alguna manera, por lo tanto, la medida de nuestra humanidad. Al menos es eso lo que nos enseñaban en Topeka: todos tenemos sentimientos en nuestro interior (¿dónde exactamente?) y la poesía es la expresión más pura de este tesoro interno. Puesto que la lengua es la materia de lo social y la poesía es la expresión lingüística de nuestra individualidad irreductible, nuestra personalidad está ligada a nuestro yo poético. “Eres un poeta y ni siquiera lo sabes”, nos solía decir el profesor X en segundo curso; lo decía cada vez que decíamos algo que rimaba. […] Algunos niños toman lecciones de piano, otros estudian danza, pero no decimos que todos los niños son pianistas ni bailarines. Sin embargo, eres un poeta tanto si lo sabes como si no porque ser parte de una comunidad lingüística (ser llamado un “tú” en definitiva) significa tener capacidad poética.

Este agosto me han coincido varias lecturas cuyo tema central era la poesía y, más concretamente, en qué consideración la tiene nuestra sociedad. El fragmento es del que más me ha gustado: The Hatred of Poetry del poeta Ben Lerner.

Lerner quizás sea más conocido por sus novelas Leaving the Atocha Station y 10:04, pero él reconoce que todo lo que escribe gira alrededor de la poesía. En este libro breve (unas 80 páginas), reflexiona sin mucho orden sobre los motivos por los que el género literario por excelencia suele ser maltratado en la actualidad.

Ben Lerner, fotografía de la MacArthur Foundation
Ben Lerner, fotografía de la MacArthur Foundation

Reconocer en público que te gusta la poesía es un atrevimiento afectado. Suena parecido a confesar que solo escuchas canto gregoriano. Me cuesta imaginar a cualquiera de las personalidades mediáticas de nuestra sociedad leyéndola, ni aunque sea en carnaval. Ben Lerner intenta explicarse (y explicarnos) por qué ocurre esto. Él es de Topeka (Kansas), pero su experiencia es alarmantemente similar a la de Madrid.

Mucha culpa, como el citado texto delata, viene de quienes deberían ser sus defensores: académicos y escritores. La visión que dan ambos de la poesía suele ser equívoca cuando no esotérica. Conceptos románticos como la inspiración o las musas no pasan de moda a pesar de que estoy seguro de que ya eran insoportablemente kitsh cuando se inventaron. Podría ser gracioso encontrárselos de vez en cuando, pero no lo es tanto que hayan enterrado las cualidades verdaderas de quien escribe poesía. Me gustaría que las respuestas sobre el trabajo del poeta hablaran más de tenacidad, de entrenamiento, de preocupación por el lenguaje. Claro que entonces no habría preguntas que llevaran a esas respuestas.

Soy optimista a pesar de todo. Quizás vivamos en un momento crucial para la supervivencia poética. Por un lado, todavía guarda el suficiente regusto elitista como para que cualquier personaje que se considere relevante pueda reconocer que no la lee. Es una de esas costumbres que suenan mal tanto a favor como en contra: si dices que lees, raro; si no lees, ignorante. La estrategia prudente es obviarlo. Por otro lado, los poetas han reconquistado algo de terreno. No es una metáfora. Ahora vuelven a ocupar espacios en bares, teatros y festivales. Hay un público para ellos.

De momento existen más incertidumbres que seguridades, en especial con el nuevo contexto creado por la comunicación digital. Por eso es tiempo de reivindicar sus valores reales y hacer ver que la lengua, como todos los demás, también gusta de contar con las atenciones detallistas de los amantes más obcecados. En español se les conoce como poetas.

Sobre el velo y el burkini en Europa

Ese velo no puede, definitivamente no puede, equipararse con la opción de llevar tacones o zapato plano, minifalda o falda larga. No es una moda; es un marcador político. Si uno decide que va a ponerse un broche con una esvástica, no puede ignorar su significado político; no puede pretender que se desentiende del hecho de que fue la “bandera” de la Alemania nazi. No puede alegar que sólo le gusta su forma. Es una afirmación política. […]

De manera que si el Estado se propusiera regular el burka o el nikab, no estaría regulando el modo en que vestimos, ni estaría interfiriendo en un gusto personal o en una moda, sino en la exhibición pública de un signo político de un movimiento de extrema derecha.

La revista Ctxt.es ha publicado una entrevista a Marieme Hélie-Lucas del 27 de octubre de 2013. Lo de arriba son sus palabras. La socióloga argelina discutía la postura buenista de la izquierda europea con el velo porque creía que pecaba de dos defectos: de eurocentrista y de superficial.

La defensa es eurocentrista porque no sitúa lo que esas prendas simbolizan más allá de nuestras fronteras. Olvida muy especialmente los países donde son obligatorias y sobre todo a las mujeres que han sido represaliadas, a veces hasta la muerte, por mostrarse rebeldes ante esta imposición.

La superficialidad viene de una falta de estudio real de la Historia de estas vestimentas. Hélie-Lucas explica, por ejemplo, que el velo no es islámico, como suelen adjetivar los medios, sino saudí, y lo relaciona con la fuerte influencia que el Reino de Arabia Saudita tiene sobre Europa a través de la financiación de mezquitas y organizaciones político-sociales.

La palabra “velo” en español no es un préstamo del árabe, sino un término latino, “velum”, con el significado de “tela opaca” o “cortina”. Esto hace que ese “velum” sea la palabra que hay detrás del “velo”, pero también de las “velas” de las embarcaciones. Como bien apunta la entrevistada, la prenda del velo no puede denominarse “islámico”. Yo creo, sin embargo, que no deberíamos olvidar que, además de saudita, el velo es judío y cristiano, culturas que también lo han utilizado y utilizan aún hoy. Si los medios necesitan un adjetivo, deberían decantarse por “velo judío”, puesto que es este el original y del que deriva el resto.

Igual que cristianos y musulmanes han heredado el velo de la tradición hebrea, también han tomado la especial condición de la mujer, siempre más escondida, más necesitada de ser protegida y, por lo tanto, dependiente. El ámbito religioso se está mostrando el más conservador en esto y es en las iglesias donde aún resulta más fácil ver velos en las familias españolas, cuyas mujeres los visten completos cuando se casan y más discretos, con forma de mantillas, cuando no.

Venta de burkinis online

Resalto la conexión entre culturas que supone la prenda porque creo que este es uno de los más olvidados por nuestros periodistas e intelectuales. Se empeñan en mostrarnos los rasgos de la religión musulmana como si fueran tradiciones mahoríes que nada tuvieran que ver con Europa cuando la realidad histórica es justo la opuesta. Obviamente esto es más sangrante en los países del Mediterráneo. Lo dice alguien cuyo nombre es una palabra judía, su primer apellido árabe y el segundo latina. Si la prensa está para ayudarnos a comprender, más les valdría conectar ideas que desvincularlas artificialmente. Cuando pienso en las mujeres católicas españolas de hace unas décadas, continuamente de luto y con velo, anuladas visualmente, entiendo mejor fenómenos que nos venden como ajenos. El contexto es diferente, pero la cultura es la misma.

La entrevista a la prestigiosa socióloga se titula “La izquierda postlaica tiene miedo de que la tachen de islamófoba”. El problema de la izquierda que critica tiene que ver con la libertad individual de la persona que decide vestir de una determinada manera. Las fotos de los últimos días son sin duda tristes, con policías molestando a mujeres en la playa por su forma de vestir con el famoso burkini. Para mí la mayor tristeza no tiene que ver con las libertades individuales, un concepto que me parece difícil y demasiado poco debatido en la actualidad. La tristeza se debe a que la víctima vuelve a ser una mujer. Coincide que son mujeres a las que normalmente se les insulta por ser musulmanas en Europa; son mujeres a las que se les obliga en otros países a cubrirse; y son mujeres a las que se les obliga a ser “salvadas” de esa ropa aquí. Prohibirles a las mujeres su uso es una medida a todas luces contraproducente y superficial. Pasamos de una prenda que marca un ellos frente a un nosotros a una situación en la que el nosotros deja claro quién manda aquí. No es un gran paso hacia la concordia. La mujer, entre tanto, pasa de ser agente de una decisión, que es lo que las diferenciaba de las mujeres de otros países, a objeto de una medida abusiva.

Si el velo y el burkini se consideran problemas políticos, deberían tratarse como tales. No propongo más que la vieja fórmula de ir al origen de las cuestiones y no a las consecuencias más anecdóticas. Un burkini, en una playa de caras y cuerpos femeninos operados para cumplir con los deseos masculinos, no puede más que ser una anécdota irónica. Volviendo a la referencia de Hélie-Lucas a la Alemania nazi, los políticos actuales prohíben las esvásticas ante el ascenso del nazismo y no les preguntan a quienes las llevan cuáles son sus motivos y sus sueños. ¡Cuánto más fáciles de obviar son las motivaciones que hay detrás de los velos y los burkinis, que solo los llevan las mujeres!

En el fondo, el problema social más importante detrás del debate sobre el velo y el burkini no tiene mucho que ver con las religiones antiguas, sino con la nueva que hemos abrazo con fe ciega. Me refiero a esa creencia en la que el concepto del “prójimo” ha sido sustituido por el del “ajeno”; esa en la que algunos fenómenos, como la proliferación de velos, nos preocupan solo porque sentimos que nos afectan, nos colonializan, se nos imponen. Son ideas que solo podrían ser pensadas por Europa con una carga tremenda de ironía, pero que pronunciamos -y publicamos- como si fueran verdaderas y como si no hubiera Historia. La importancia del “prójimo” era central en las tres religiones tradicionales aunque ahora hasta ellas parecen haberlo olvidado. El problema de la izquierda es que se ha convencido que la libertad individual anula la dependencia de los unos con los otros. Es una izquierda de derechas cuando pasa de la sociedad a las personas. En las vestimentas, lo que nos puede hacer vivir mejor a todos está detrás de lo que nos oculta la ropa. El mayor respeto hacia ellas es tratarlas como lo que son, parte de nosotros. No por lo que visten, sino por lo que nos importan. Los velos, como las velas, son solo trozos de tela.

Cómo la tecnología altera el valor de la verdad

Ahora nos encontramos en medio de diversas y confusas batallas entre fuerzas opuestas: entre la verdad y la mentira; el hecho y el rumor; la amabilidad y la crueldad; los pocos y los muchos; los conectados y los alienados; la plataforma abierta de Internet, tal y como sus arquitectos la soñaron, y los caminos enclaustrados de Facebook y otras redes sociales; el público informado y la masa equivocada.

Lo que tienen en común todas estas luchas (y lo que hace que su solución sea urgente) es que todas implican una disminución del valor de la verdad. No es que ya no haya verdad. Significa simplemente, como este año está dejando bien claro, que no nos podemos poner de acuerdo con cuáles son las verdades y que aparece el caos cuando ni hay consenso sobre la verdad ni manera de llegar a él.

Katharine Viner, editora de la sección de Noticias y Medios de The Guardian, publicó hace un par de semanas una interesantísima reflexión sobre cómo Internet ha hecho más difícil que nos demos cuenta cuando nos engañan. La dictadura de lo mayoritario, impuesta por los algoritmos de Google, Facebook y demás, es muy peligrosa. Nos lo demostraron las guerras del siglo XX y, como dice Viner, llevamos un 2016 terrorífico a este respecto. Probablemente ella tenga en mente las campañas del Brexit y de Donald Trump. Nosotros podemos sumarle las campañas electorales que hemos sufrido en los últimos meses. La verdad ya no importa. Sin ella, quedan huérfanos la mesura de los datos y el sentido común. Nos da igual cinco que cincuenta o, lo que es lo mismo, que alguien no pague la seguridad social de un empleado por horas y que un partido haya amañado todas las elecciones con el dinero de constructores. Lo importante es qué se repite más en los medios, cuántos favs y cuántos retuits consigue.

El artículo del que he tomado el fragmento de arriba (y la imagen de abajo) se titula como esta entrada, How technology disrupted the truth, y es muy iluminador sobre la peligrosa situación social en la que nos encontramos y sobre la importancia de la comunicación en todo ello. Merece una lectura atenta.

How technology disrupted the truth

Gracias por no leer

El escritor que no acepta las reglas del mercado muere, así de sencillo. El lector que no acepta lo que el mercado le ofrece está condenado al ayuno literario o a la relectura. El escritor y su lector (los dos personajes por y para quienes existe la literatura) viven hoy una existencia semiclandestina. El mercado literario está regido por los productores de libros, pero producir libros no significa exactamente producir literatura.

Como lectora, anhelo a mi propio escritor. Voy filtrando los libros a partir de la prometedora propaganda que de ellos se hace, pero muy pocos satisfacen mis gustos lectores. Las librerías parecen, cada vez más, flamantes supermercados: el aspecto de los productos es de la máxima calidad, pero su sabor resulta decepcionante. Igual que las frutas y las verduras han sufrido una mutación que las ha privado de su sabor en aras de su apariencia externa, los libros, buenos y malos, han experimentado una mutación forzada por la corriente literaria dominante.

Del delicioso (para quienes disfrutamos de la salsa agridulce) libro Zabranjeno citanje (Gracias por no leer) de Dubravka Ugresic. Publicado en el 2003 y un año después en español traducido por Catalina Martínez-Muñoz (La Fábrica Editorial). Si entras en la página personal de la autora, encontrarás que hay un texto ahora en su portada que parece continuar el que acabo de citar:

Quién sabe. Quizás algún día ya no habrá literatura. En su lugar, tendremos páginas web literarias. Como esas estrellas que siguen brillando mucho después de haber muerto, las webs darán fé de la existencia de los escritores del pasado. Habrá citas, fragmentos de textos, que demostrarán que hubo un tiempo en el que existían los textos completos. En lugar de lectores habrá viajeros del ciberespacio que se encontrarán con páginas por casualidad y pararán en ellas por un instante. ¿Cómo las leerán? ¿Como jeroglíficos? ¿Como leemos en la actualidad las instrucciones de un lavavajillas? ¿O como un vestigio de una comunicación extraña que llegó a significar algo en el pasado y era llamado literatura?

Dubravka Ugresic

Enseñar los pechos no es sinónimo de violación

Enseñar los pechos voluntariamente no es sinónimo de violación ni de abuso sexual

Enseñar los pechos voluntariamente no es sinónimo de violación ni de abuso sexual. Esta afirmación debería ser tan obvia como para considerarse absurda, como si escribiera que correr una maratón tampoco es sinónimo de violación ni de abuso sexual. Nuestros medios de comunicación no lo tienen tan claro. Estos días hemos vivido la extraña experiencia de haber visto ilustradas las noticias sobre abusos en los festejos de San Fermín con imágenes de mujeres levantándose la camiseta en público. Quizás cualquier pretexto sea bueno para mostrar un cuerpo femenino en plena fiesta. Sin embargo, la insistencia en relacionar noticias de violencia con esas imágenes es discursivamente perversa. Lo que hacen los medios es confirmar la idea de que la víctima de la violencia es en realidad la responsable última del crimen. Lo que muestran las imágenes es un ambiente festivo y libre. Festividad y libertad no son sinónimos de violación ni de abuso sexual. Lo que vemos y lo que escuchamos no se corresponde aunque van a conseguir que al final terminemos por pensar que sí.

Ya apenas me sorprende la irresponsabilidad de los medios en este tema, pero sí la poca contestación que reciben. He hecho un sencillo experimento para comprobar su influencia. He buscado en Google imágenes que respondan a “violación San Fermín”. El resultado es el siguiente:

ViolacionSanFermin

Mujeres parcialmente desnudas y besos. ¿Esa es la representación de un abuso sexual en los medios españoles del s.XXI? En lugar de fomentar estas ideas tan dañinas para los derechos de la mujer, los medios podrían centrar el foco en otras cuestiones positivas socialmente. Por ejemplo, imagino que el protagonismo de estos casos en Pamplona no se debe a que sea un festejo especialmente propicio para los abusos, sino más bien a que parece que allí se está realizando un trabajo valioso de concienciación. Podrían aprovechar para investigar periodísticamente qué está ocurriendo en los cientos de festivales que se suceden en nuestra geografía en estos tiempos estivales. A mí, como ciudadano, me parece que realizarían una labor importante si me explicaran por qué no hay una proporción similar de denuncias en ellos o en las fiestas de las demás ciudades.

No creo que las/los responsables de los medios sean tan torpes como para no darse cuenta de que con sus  aportaciones no están informando, sino fomentando los abusos legitimándolos con una justificación que es machista y retrógrada. Ya es hora de que estos discursos desaparezcan, si no es posible de nuestra sociedad, al menos de los canales de información prestigiados socialmente.

Una visión poética sobre las elecciones

Cercanías, de Jorge García Torrego

El poeta Jorge García Torrego, que acaba de publicar el muy recomendable poemario Cercanías, ha hecho la siguiente lectura de las elecciones generales que acabamos de sufrir:

ARCADA Y EXILIO

Somos la España que no termina de abrirse, los jóvenes que levantan su voz tres escalones y en la punta un almendro y luego nos llega el miedo pesado a los talones.
Hemos estudiado los idiomas del progreso, el ángulo perfecto para el corte de los bosques, el círculo de humo en los motores más potentes y aún no cavamos un pozo en nuestra frente para sacarnos provecho.

Les hicimos caso. Estudiamos y no bebimos más fuego de la cuenta. Os hicimos caso. Nos prometisteis esclavitud ocho horas al día y cuarenta años de soga y ni siquiera.
¡Qué vergüenza las canas de vuestros bigotes!
¡Qué pena vuestra plegaria en contra del aborto y a favor del látigo del trabajo!
¡Qué pena que seamos tan limpios, que no sepamos lanzarnos,
ningún libro llega para tanto!

Somos los más listos, los que aprendimos todo, los que leímos los periódicos y tuvimos arcadas. Los profetas de ojo transparente y pelo largo, los dueños del futuro que quema y nos lame la cara. Míranos, los más europeos aplastados por Europa y por los kilos de grasa del euro.

Los mejores camareros del mundo aquí estoy para servirle, qué bien el exilio,
vagabundos españoles por el mundo que nadie os ponga voz, sirve bien a la patria y escóndete,
que nadie conozca el sabor amargo de la basura alemana
que tu madre no tenga vergüenza cuando salgas en la tele
que tu padre pueda seguir riendo en el bar, con los colegas, la derrota de siempre.

Un sillón dura tres generaciones y a nosotros no nos llega,
nos toca exilio o arcada fría en el suelo del salón.

Alguien dejó una puerta abierta pero fue una trampa
allí estaba la hostia del policía
la libertad en España huele a podrido como los escondites de las iglesias
se murió el dictador y os entró miedo,
y viva la movida
y viva la droga
y viva la teta que antes no podías ver
todo esto es un escaparate de libertad
un pañuelo usado del vuelo
el señuelo para los que no levantan la vista y guardan palabras en la boca.

Ya llegamos al año dos mil y las cadenas nos divierten
hay prostitutas y toros y parques de atracciones y la playa y tabaco pero no tenemos trabajo
todos queremos ser esclavos
¡que alguien me pisotee, que quiero ver un Madrí Barsa!
¡que alguien me traiga una cerveza fresquita que ya no aguanto la miseria que me rodea!
unas bravas para el cobarde de la mesa 3, que nunca recibiré la hostia del amo
no hace falta
quiero la borrachera más grande del mundo para que no me duela tu hambre
la pantalla plana con la final del mundial cuatro metros de ancho y tres de alto y tres centímetros de lobotomía,
que alguien me saque todos estos libros de la cabeza,
no aguanto sus gritos.

Corpus y discurso

Corpora and Discourse International Conference: The SiBol Group Siena June 30 – July 2, 2016

Este final de mes estaremos presentando nuestro proyecto Estrategias de encuadre y articulación del discurso político en 140 caracteres en la Corpora and Discourse International Conference en Siena. El congreso ha sido organizado por The SiBol Group, un grupo de investigadores de Lingüística de corpus y de Estudios del discurso asistidos por ordenador (CADS) de las universidades de Siena, Bolonia y Sussex.

El programa tiene muy buena pinta y podremos intercambiar ideas sobre cómo aplicar las metodologías de corpus al análisis de fenómenos del discurso. Los ámbitos en que se divide el congreso son el discurso político (que abriremos con nuestra presentación), el aprendizaje de lenguas, la traducción, el análisis de identidades, la anotación de corpus, los estudios históricos y la gramática.

Paisaje lingüístico de la migración

Paisaje lingüístico de la migración

Los próximos 27 y 28 de octubre tendrá lugar en la Sapienza de Roma un taller dedicado al Paisaje lingüístico de la migración. Se propone el análisis lingüístico de los espacios públicos centrándonos en la representación en ellos de los procesos históricos, sociales, políticos, ideológicos, geográficos y demográficos que se están produciendo.

Como dice la convocatoria, las lenguas son un espejo privilegiado de las dinámicas sociales globales, que muestran las evoluciones a la vez que participan en ellas. Nos proponen la definición de “paisaje” como:

representaciones y significados tangibles, simbólicos e históricos relacionados estrictamente con las representaciones sociales y con las identidades colectivas; por eso, su lectura llega a ser relevante para el amplio abanico de las ciencias humanas y sociales: desde la geografía, hasta la literatura y pasando por la antropología, la historia, la psicología y también la lingüística.

El taller está siendo organizado por Laura Mariottini como una actividad de EDiSo y aún está abierto el plazo para enviar propuestas (hasta el 10 de julio). Puedes leer todos los detalles en la II circular del Taller internacional: Paisaje lingüístico de la migración.