Las razas no existen

Imagen de Strobridge & Co. Lith , Dominio público

After Freddie Gray’s death, Baltimore’s long-brewing racial tension exploded in street protests (deemed riots by the media), where mainly African-American Baltimoreans called for respect, and greater equality. Through these events, cable news media dramatically portrayed a seemingly insurmountable tragedy: Baltimore has a Race Problem.

As a Baltimorean, I crinkled my brow and thought “what is a Race Problem?” It sounds harder to climb than Mount Everest, and harder to solve than any theoretical math equation. As a physical anthropologist, I answered my own question with “actually, race doesn’t exist.” If you said “Huh?” right there, let’s do what America has been avoiding lately; let’s talk about race.

When I say this, here is the big question that runs through the mind: I can see that people look different; aren’t those different races? Great question! Let’s start by analyzing what “a race” is, and what biological traits are wrapped into “a race.” The main race categories in America are White, Black, Asian, Native American, and Other: two opposite colors; one continent; an ethnic group; and a catch-all category including billions of people and Chewbacca. These are not biologically defined groups. No human is biologically white or black. These are social terms; they have a social existence, and they have social power.

La antropóloga Hannah E. Marsh (University of Central Missouri) ha escrito un artículo esclarecedor y divertido sobre el absurdo de la discriminación por razas. En The biological fallacy of America’s race problem, Marsh pone en evidencia cómo los prejuicios sociales se disfrazan a menudo de biología.

A mí me ha recordado al uso que se ha hecho históricamente de la vejez/pureza/perfección de unas lenguas frente a otras. Suelo dedicar una clase a explicar por qué las lenguas no existen. A partir de ahora, podré citar a Marsh y decir: “las lenguas, como las razas, son un invento político para poder dividir a las personas”. Los antropólogos y los lingüistas corremos el riesgo de hacerle el juego a intereses externos, ansiosos de legitimaciones irrevocables, cuando  utilizamos estos conceptos.

Cómo citar fuentes digitales

Cómo citar las fuentes

Los peores errores en los trabajos académicos son los formales. Impiden que la labor realizada sea juzgada en positivo sin valorar siquiera los contenidos. El caso más común es el de las referencias bibliográficas. En el recurso de Cómo hacer trabajos universitarios damos bastantes pistas para no fallar. Sin embargo, ahora tenemos las complicaciones derivadas de incluir fuentes digitales. Yo me encuentro constantemente ejemplos en los trabajos que me entregan, desde direcciones interminables hasta escuetas referencias a Google o la Wikipedia. Esta entrada es un intento de ponerlo fácil dentro de que es un tema donde no hay aún prácticas aceptadas por todo el mundo.Seguir leyendo →

¿Un museo de palabras? Pronto en Washington D.C.

Proyecto del Planet Word Museum en Washington D.C.

Esa idea de la que hemos hablado tantas veces sin creérnosla del todo porque cualquier pista que nos daba la imaginación resultaba onírica: un museo de las palabras. Parece que vamos a llegar a verlo en dos inviernos. Estoy hablando de un museo real, no de una metáfora. Es decir, de un sitio con paredes y puertas, donde la gente entre para disfrutar de las palabras.

Ese el el proyecto que ha conseguido arrancar la periodista Ann Friedman con el nombre Planet Word. De momento ya tienen un equipo potente, una lista de consejeros que parece el “hall of fame” de la lingüística anglosajona (Steven Pinker, David Crystal, Dan Jurafsky, Deborah Tannen, John McWhorter…) y un edificio histórico en Wahington D.C. cedido para cumplir el sueño. Se resume así:Seguir leyendo →

Los números le dan igual a Trump y a muchos de tus vecinos

El otro día contesté a un tuit bienintencionado en el que aparecía una comparativa de quiénes asesinaban más estadounidenses cada año. Como 140 caracteres no son suficientes para explicar mi mensaje, que pudo parecer críptico, lo hago ahora aquí. Reproduzco la tabla de aquel tuit y que ha sido ampliamente difundida por la Red estos días:

Quiénes asesinan más estadounidenses

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El radar de Lenguas y comunicación

Dibujo de Mark Parisi
“Por esto no me gusta conversar contigo”. (Mark Parisi)

Casi cada día me encuentro con textos interesantes para entender mejor cómo funcionan las lenguas y la comunicación, textos que querría compartir para ayudar a su difusión, pero que no me da la vida para escribir aquí una entrada introductoria (un “inicio”) de cada uno de ellos. Por eso he pensado retomar una antigua costumbre que hace años titulaba “Intermitentes” y que ahora he bautizado como “El radar de Lenguas y comunicación”. Espero que te sea útil para descubrir ideas sobre las lenguas y cómo las utilizamos para comunicarnos. Como hacía con la intermitencia, cualquier sugerencia de lectura u opinión en los comentarios será más que bienvenida.

  • How The Frankfurt School Helps Us To Understand Donald Trump’s Twitter Populism. Un texto divulgativo de mi admirado Christian Fuchs sobre cómo el análisis crítico de la Escuela de Frankfurt nos puede ayudar a comprender el éxito comunicativo de Donald Trump. El artículo es un resumen de otro más académico publicado en la revista Triple C.
  • How learning a new language improves tolerance. Amy Thompson, del área de lingüística aplicada de la University of South Florida, explica los motivos por los que el aprendizaje de una lengua favorece la tolerancia (una razón más para que se fomentara en las universidades). Ella nos habla de que una nueva lengua nos permite entendernos entre culturas y naturaliza el enfrentarnos a lo desconocido. Una consecuencia es lo que denomina “tolerancia hacia la ambigüedad”, que reduce la ansiedad social. ¡No olvides tu pastillita de nueva lengua cada mañana!
  • ¿Por qué leer? o Sobre el prestigio intelectual de la lectura. Elena Álvarez Mellado, la autora del también muy recomendable Anatomía de la lengua, reflexiona sobre lo que hace especial a la lectura. Lo hace sin prejuicios y huyendo de elitismos, lo que tiene como consecuencia que las conclusiones puedan sorprenderte…
  • America and the Age of Genocide. Bernhard Leidner, del departamento de psicología de la University of Massachusetts Amherst, ha publicado un estudio donde demuestra a través de cuatro experimentos cómo el uso de la palabra “genocidio” influye (disminuye) el modo en que nos afecta una noticia hasta el punto de que, por ejemplo, rebaje la sensación de culpa por la inacción de nuestro país.
  • Tecnología lingüística y lenguas minoritarias. Esta entrada de Fernando Maldonado tiene ya unos meses, pero no había podido traerla aquí aún y me parece un tema crucial: ¿qué papel tienen las nuevas tecnologías en la superviviencia de las lenguas que están en peligro de extinción? Es una cuestión importante y recurrente en nuestro proyecto sobre la lengua bribri y coincidimos con él en el diagnóstico: la revitalización no se puede hacer en el S.XXI sin tener en cuenta el mundo digital.
  • A brief history of ‘gender’. Debbie Cameron nos cuenta la historia del término “gender” (“género”), lo que ilumina no sólo su etimología, sino las diferentes maneras en que es utilizado actualmente.
  • Y haciendo honor a las fechas en las que estamos, Alberto Bustos nos cuenta de dónde viene el verbo “descambiar“, recogido en el DRAE desde 1843.

Petición de propuestas sobre “Discurso digital y desigualdad: enfoques y métodos para el análisis de la participación y la interacción en entornos digitales “

Ediso Barcelona 2017

El próximo junio estaremos en el congreso de EDiSo en Barcelona discutiendo sobre Desigualdad y nuevos discursos sociales. En mi caso concreto, estaré coordinando junto a Ana Pano un panel temático dedicado al discurso digital. Si trabajas en este tema, estás más que invitada/o a enviarnos un breve resumen a través de la web del congreso durante este mes de enero. Te copio aquí debajo la descripción que hemos escrito para la petición de propuestas:Seguir leyendo →

“Posverdad” y universidad

Foto de © Jeremy Brooks | Flickr
Foto de © Jeremy Brooks | Flickr

Tras la resaca del festival de “palabras del año” con la que diccionarios e instituciones consiguen su día de gloria anual, quedan algunas reflexiones interesantes que no deberíamos olvidar rápidamente. Lydia Nobbs ha publicado lo siguiente en Public Seminar sobre la palabra del año para el Diccionario Oxford, posverdad (“post-truth”) .

¿Es la “posverdad” algo nuevo y diferente? ¿Marca la relevancia y actualidad de esta palabra un cambio significativo, una tendencia, un año especial o no es más que un reciclado de lo que la Historia ya ha visto antes?

Kenneth Prewitt, en su conferencia sobre “El futuro del conocimiento académico,” advertía del alto riesgo de tales preguntas. Puede que la academia haya perdido el monopolio del saber, pero eso no implica necesariamente que este sea ahora más igualitario. En el contexto actual, los “think tanks” y los grupos de influencia compiten con las universidades por adueñarse del conocimiento. Las universidades luchan por cuestiones de autonomía y de métricas de rendimiento. La investigación académica no llega al público general y cada vez está más vendida al mercado.

Teniendo todo esto en cuenta, los intentos por encontrar la verdad tienen un futuro incierto, especialmente cuando los métodos que determinan qué es un hecho se rechazan por considerarse elitistas y cuando el pluralismo epistemológico (las distintas formas de saber cosas) se ha consolidado hasta el punto de que cualquiera puede “conocer” cualquier cosa lo suficiente como para decir que es verdad. Bajo estas condiciones, es posible negar el Holocausto o el cambio climático.

Luchar por un mundo que respete el conocimiento y la investigación es más importante hoy que nunca.

¿Qué es la serendipia?

Serendipia” es una de esas palabras de moda con las que nos tropezamos por todas partes. Alberto Bustos nos explica su significado y de dónde viene un término con ese sonido tan exótico:

Serendipia es un nombre que hemos tomado prestado del inglés. Aunque pueda resultar sorprendente, ya está incluido en el Diccionario de la lengua española, de modo que podemos utilizarlo con las bendiciones de nuestros académicos.

La serendipia consiste en realizar un descubrimiento afortunado por pura casualidad mientras se está buscando otra cosa. Es lo que castizamente siempre hemos llamado encontrar algo de chiripa o de carambola.

[…]

La palabra inglesa serendipity es un invento del escritor inglés Horace Walpole, que a mediados del siglo XVIII explicaba su significado en una carta dirigida a un amigo. Traduzco el fragmento en cuestión a partir del texto que he localizado en el diccionario Merriam-Webster:

“La verdad es que este descubrimiento es prácticamente del tipo que yo llamo serendipia, una palabra muy expresiva que, aprovechando que no tengo nada mejor que hacer, voy a intentar explicarte. Lo entenderás mejor sabiendo de dónde se deriva que con una definición. Una vez leí un cuento de hadas bastante tonto que se titulaba Los tres príncipes de Serendip. Según iban viajando, sus altezas iban descubriendo constantemente por casualidad y sagacidad cosas que no estaban buscando.”

SerendipSerendib es uno de los antiguos nombres de Sri Lanka y también tiene su miga. Viene del árabe Sarandib, que es una deformación del sánscrito Sinhaladvipa, o sea, “la isla donde habitan los leones”.

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La aritmética de la compasión

Búsquedas en Google de Siria, refugiados y Aylan

Todos nos sentimos reflejadas/os en el dicho “Una muerte es una tragedia, un millón una estadística”. Por el adormecimiento psíquico, nuestra simpatía hacia el sufrimiento y la muerte se reduce intensamente cuando se nos presenta un número alto de víctimas.

Varias investigaciones han demostrado que la compasión se reduce incluso cuando pasamos de una amenaza contra una solo persona a otra que afecte a dos. Salvar una vida es de una importancia máxima. Salvar 1+1 vidas se siente menos importante que salvar dos, y a menudo menos incluso que salvar una.

Hacer frente a esta peculiar “aritmética de la compasión” en nuestra cotidianidad y en nuestras políticas nacionales es crucial en un mundo que sufre constantes amenazas catastróficas de violencia, enfermedades, pobreza y desastres naturales.

La gente detrás de La aritmética de la compasión, con Paul Slovic a la cabeza, ha tenido una gran idea: investigar desde las Humanidades y las Ciencias Sociales por qué somos tan cruelmente indiferentes ante el sufrimiento masivo. Sus descubrimientos nos muestran una realidad obvia, pero que conviene subrayar (y combatir). La compasión no es racional. Cuantos más muertos, más posibilidades de sufrimiento, no solo individual, sino también como especie. Sin embargo, nuestros actos no tienen esto en cuenta. Como ejemplo, puedes observar el siguiente gráfico donde se representa la acumulación de muertos en el conflicto sirio desde marzo del 2011 hasta septiembre de 2015.Seguir leyendo →